El océano y el clima

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María Amparo Martínez Arroyo Directora General del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

El océano es el más crítico de todos los ecosistemas naturales para nuestro clima, debido a la combinación de su composición y escala. Hay consenso sobre la importante relación entre el océano y el cambio climático.

Este gran ecosistema ha amortiguado nuestros impactos sobre el clima, absorbiendo el 30 por ciento de las emisiones de CO2 y el 90 por ciento del exceso de calor que hemos producido. Como resultado de esto, el océano es ahora más cálido y ácido, afectando su funcionamiento y el de los organismos que lo habitan.

En 2015 y 2016, temperaturas globales récord impulsaron, por ejemplo, el blanqueamiento en el 70 por ciento de los arrecifes de coral del mundo. La acidificación tiende a dañar a todos los organismos con estructuras de carbonato de calcio (plancton, moluscos, erizos, corales, entre otros), agravando los procesos de deterioro en los ecosistemas y alterando la capacidad fisicoquímica del agua de retener dióxido de carbono.

La buena noticia es que esta situación de desatención empieza a cambiar. La inclusión de un párrafo sobre la importancia del océano en el Acuerdo de París desencadenó una serie de iniciativas internacionales para devolver la salud a nuestros mares y océanos, como no se había dado en muchas décadas, reactivando y reforzando varios programas ya existentes. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) acordó la elaboración de un reporte especial sobre Océanos y Criósfera.

El aumento en el nivel del mar y la amenaza que esto significa para islas y litorales habitados del mundo es un motivo más que suficiente para acelerar todas las acciones correctivas y preventivas en términos de mitigación y de adaptación al cambio climático.

La COP 23, bajo la presidencia de Fiji en 2017, tuvo como tema central al Océano, poniendo de manifiesto el papel fundamental que juega en cualquier estrategia de bajo carbono en el largo plazo e invitando a los países a incluir a los océanos en la revisión de ambiciones pre-2020.

Esto incluye consideraciones para mitigación y adaptación a los impactos del clima sobre ecosistemas, medios de subsistencia y actividades económicas que no pueden ser sostenibles sin un océano saludable y resiliente al clima.

En un contexto de acción global por nuestro planeta, de lucha contra la desertificación, de protección a la biodiversidad, de reducción del riesgo a desastres, de control de sustancias químicas peligrosas, de lucha contra el cambio climático, no hay una solución de largo plazo sin acción sobre los océanos del mundo.

México, con más superficie marina que terrestre como su patrimonio, tiene que ocupar un lugar importante en este esfuerzo, involucrando no sólo a los 17 estados con litorales, sino al país en su conjunto.

Con información de gob.mx

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